En niño de Martinitt que cambió la forma de ver el mundo
Un niño huerfano de Milán que cambio la concepción de las gafas de ser un instrumento médico a un articulo de moda.
¿Qué probabilidad hay de que un niño sin padre, entregado por su madre a un orfanato porque no podía alimentarlo, termine construyendo la empresa dueña de las gafas que hoy llevas puestas —o que lleva puestas alguien a tu lado en este momento? Esa pregunta, que suena a ejercicio de estadística imposible, tiene una respuesta con nombre y apellido: Leonardo Del Vecchio.
El niño del Martinitt
Milán, 1935. Un comerciante de fruta originario de Puglia muere de neumonía. Deja a su mujer, Grazia Rocco, embarazada y con otros tres hijos a los que ya le cuesta sostener. El 22 de mayo nace el cuarto: Leonardo. Grazia hace lo que hacían muchas madres pobres de la Italia de entreguerras cuando la aritmética de la supervivencia no cerraba: a los siete años, entrega a Leonardo al Martinitt, el histórico orfanato milanés para niños sin recursos.
Ahí, entre clases y disciplina de internado, ocurre algo que no estaba en el guion: por las noches, el niño toma clases de dibujo y grabado en la prestigiosa Academia de Brera. Nadie hubiera apostado que ese aprendizaje —producto de la pobreza, no de un plan familiar— sería la semilla técnica de un imperio industrial.
A los catorce años sale del Martinitt y entra a trabajar como mandadero en Johnson, una fábrica de medallas de Milán. Ahí se forma como grabador y moldeador de metales. A los veintitrés, ya con oficio en las manos, abre su propio taller en las afueras de la ciudad: trabaja de día como obrero para otros y de noche para sí mismo, fabricando piezas metálicas para monturas de anteojos. Años después recordaría ese periodo con una frase que resume mejor que cualquier biografía lo que significó crecer así: "Crecí sin padre y en una institución. Crecer sin familia... te marca".
Agordo, 1961: un apellido inventado sobre una mesa de trabajo
El 27 de abril de 1961, Del Vecchio deja Milán y se instala en Agordo, un pueblo de los Dolomitas, en la provincia de Belluno, una de las zonas con más tradición óptica de Italia. Junto a dos socios, Francesco Da Cortà y Vittorio Toscani, funda una pequeña sociedad dedicada a fabricar piezas semielaboradas para la industria de los anteojos. La bautizan Luxottica.
Durante los primeros años, Luxottica es apenas un proveedor más, uno entre tantos talleres de la región que arman piezas para que otras marcas las ensamblen y vendan. En 1969, Del Vecchio se convierte en propietario único de la empresa, y hacia 1971 toma la decisión que cambiaría su destino: deja de fabricar por encargo para terceros y empieza a producir y vender sus propias monturas terminadas, con marca propia. Es la diferencia entre ser el que hace las piezas y ser el que se queda con el nombre.
A partir de ahí construye algo que en la industria del retail se estudia como caso de manual: integración vertical total. En 1974 compra Scarrone, una empresa de distribución, para dejar de depender de intermediarios y controlar también cómo llegaban sus productos a las tiendas. En 1981 abre su primera filial fuera de Italia, en Alemania. En 1988 firma una licencia con Giorgio Armani para fabricar sus gafas, el primero de una larga lista de acuerdos con casas de moda que con el tiempo incluiría a Prada, Versace y Chanel.
La compra que resuelve un malentendido común
Antes de seguir, vale la pena aclarar algo que se repite con frecuencia y que no es exacto: Leonardo Del Vecchio no fundó Ray-Ban. La marca Ray-Ban nació en 1936, creada por la estadounidense Bausch & Lomb junto al coronel John A. Macready, de las fuerzas aéreas de EE. UU., para desarrollar gafas de piloto que redujeran el deslumbramiento en vuelo. Del Vecchio no inventó ese objeto icónico; lo compró, seis décadas después de que existiera, cuando ya era leyenda.
Lo que sí hizo fue construir la empresa que, en 1990, salió a cotizar a la Bolsa de Nueva York, y que en diciembre de 2000 también lo hizo en Milán. Con ese músculo financiero, emprendió una cadena de adquisiciones que fue, en la práctica, una redefinición completa de la industria óptica mundial. En 1995 se queda con Persol y con la cadena estadounidense LensCrafters. En 1999 llega la compra que cierra el círculo con la marca más reconocible del sector: adquiere Ray-Ban a Bausch & Lomb por unos 640 millones de dólares. En 2001 suma Sunglass Hut, la mayor cadena de tiendas de gafas de sol del planeta. En 2007 cierra la compra de Oakley por 2.100 millones de dólares. Y ya en 2021, con Del Vecchio de vuelta al mando operativo del grupo, adquiere GrandVision, otra gran cadena óptica europea, por unos 8.000 millones de euros.
El movimiento más grande de todos llega en enero de 2017, cuando se anuncia la fusión de Luxottica con la francesa Essilor, el mayor fabricante mundial de lentes oftálmicas. La operación se cierra formalmente el 1 de octubre de 2018 con el nacimiento de EssilorLuxottica, una compañía que en ese momento vale cerca de 70.000 millones de dólares en bolsa y que llega a controlar más de una cuarta parte de las ventas mundiales de artículos ópticos. Del Vecchio había regresado a la gestión activa en 2014, tras un periodo alejado del día a día, precisamente para liderar esa reestructuración y, después, la integración con Essilor, hasta el final de su vida.
El imperio detrás del imperio
Pocos saben que las gafas fueron solo la superficie visible de lo que Del Vecchio construyó. A través de su sociedad holding Delfin, llegó a controlar el 38,4% de EssilorLuxottica, pero también participaciones relevantes en el banco Mediobanca (19,8%), la aseguradora Assicurazioni Generali (9,77%), la inmobiliaria francesa Covivio (28%) y la aerolínea luxemburguesa Luxair (13%). Al momento de su muerte, Forbes estimaba su fortuna entre 24.000 y 25.000 millones de dólares, lo que lo convertía en el segundo hombre más rico de Italia.
Se casó tres veces y tuvo seis hijos: Claudio, Marisa y Paola, de su primer matrimonio; Leonardo Maria, del segundo (con quien volvió a casarse en 2010); y Luca y Clemente, del tercero. Claudio, su hijo mayor, llegó a ser dueño de la marca estadounidense Brooks Brothers hasta la quiebra de esta en 2020.
Lo que resulta más revelador de Del Vecchio, sin embargo, no es la lista de activos, sino cómo trató a las personas que lo ayudaron a acumularlos. En 1972, cuando Luxottica todavía era una empresa pequeña, instauró un comedor gratuito para sus empleados. Durante la crisis financiera de 2008-2009 desarrolló un modelo de bienestar laboral conocido internamente como "Luxottica Welfare". Durante la pandemia destinó 100 millones de euros a apoyar a sus trabajadores y sus familias. En sus últimos años creó la Fondazione Leonardo Del Vecchio, a través de la cual llegó a un acuerdo con la Santa Sede para respaldar al hospital Fatebenefratelli, en la Isola Tiberina de Roma. Sobre el papel que jugó su gente en todo lo que construyó, dijo alguna vez: "Los empleados han marcado la diferencia. Más que las marcas… fueron las personas las que hicieron posible establecernos en el mundo".
El cierre de un círculo
Leonardo Del Vecchio murió el 27 de junio de 2022, a los 87 años, en el hospital San Raffaele de Milán, a causa de una neumonía sin relación con covid-19, tras varias semanas hospitalizado. EssilorLuxottica anunció su muerte el mismo día, describiéndolo como el visionario que había construido, prácticamente desde cero, la compañía más grande del mundo en su sector.
Hay algo casi cerrado en círculo en esa muerte: el hombre cuyo padre murió de neumonía antes de que él naciera, murió también de neumonía sesenta y siete años después de fundar Luxottica. Entre esos dos puntos hubo un orfanato, un taller nocturno en las afueras de Milán, un pueblo en los Dolomitas y, finalmente, una de las marcas de gafas más reconocibles del planeta puesta sobre millones de rostros que jamás sabrán su nombre.
Lo que esta historia enseña de verdad
Es tentador leer la vida de Del Vecchio como una fábula de superación y quedarse ahí. Pero lo más interesante no es que un niño pobre haya llegado a multimillonario —esa parte, sola, es solo suerte y esfuerzo, y ocurre pocas veces. Lo interesante es qué hizo con el vacío que le dejó la infancia: en lugar de construir solo una fortuna, construyó sistemáticamente lo que a él le faltó de niño —comedores, redes de contención, fondos de emergencia para sus empleados— dentro de la propia empresa que levantó. Convirtió una herida biográfica en una política de gestión.
Y transformó algo más profundo en su sector: antes de Luxottica, unas gafas eran, sobre todo, un instrumento médico correctivo, casi vergonzante para muchos de quienes debían usarlas. Del Vecchio, uniendo manufactura, moda y distribución bajo un mismo techo, ayudó a convertirlas en un objeto de identidad y de estilo, deseado incluso por quienes no las necesitan para ver. Ese es, quizás, el aprendizaje más genuino que deja su historia: el talento que de verdad cambia un sector rara vez se limita a vender mejor un producto existente; encuentra la forma de cambiar el significado que ese producto tiene en la vida de la gente. Del Vecchio no le vendió gafas al mundo. Le vendió una manera distinta de mirarse a sí mismo con ellas puestas.
Fuentes consultadas
- Leonardo Del Vecchio — Wikipedia (inglés)
- Luxottica — Wikipedia (inglés)
- Ray-Ban — Wikipedia (inglés)
- Fondazione Leonardo Del Vecchio — biografía oficial
- Forbes — Perfil de Leonardo Del Vecchio & family
- Eyewear Intelligence — Leonardo Del Vecchio passes away at 87
- EssilorLuxottica — comunicado oficial sobre el fallecimiento de Leonardo Del Vecchio
- EssilorLuxottica — comunicado oficial sobre la fusión Essilor-Luxottica
- EssilorLuxottica — comunicado oficial sobre la adquisición de GrandVision